Sala 6

El don de la palabra / Tenerse en pie

Tenerse de pie

El cuerpo humano es un prodigio de la biomecánica, como también lo son los cuerpos de los animales, cada uno a su manera. Nosotros estamos diseñados, por obra de la evolución, para tenernos en pie sin esfuerzo y recorrer largas distancias con el mínimo gasto de energía. Desde los pies hasta la cabeza apreciamos en nuestra anatomía las adaptaciones que nos permiten ser buenos caminantes, modificaciones que no tienen los grandes simios.

El pie muestra un dedo gordo que se junta con los demás, y una planta abovedada. En la columna vertebral hay cuatro curvaturas, dos hacia delante (la cervical y la lumbar) y dos hacia detrás (la dorsal y la sacra). Con la postura erguida mantenemos la cabeza levantada y miramos hacia delante. Nuestras extremidades inferiores son largas en relación con nuestros brazos, y mucho más fuertes. Desde su articulación en la cadera, los dos fémures se dirigen hacia dentro, acercándose mucho en las rodillas. Cuando estamos parados, el tronco, los muslos y las piernas están en línea, con las articulaciones extendidas. Como no utilizamos las manos para movernos por los árboles, son mucho más cortas y hábiles que las de los simios, y el pulgar hace una buena pinza con cualquiera de los otros dedos.

Para andar es necesario no caerse cuando perdemos uno de los dos puntos de apoyo al dar pasos. Unos músculos muy importantes, el glúteo menor y el glúteo medio, equilibran el tronco, tirando hacia el otro lado, cuando levantamos un pie del suelo. Para ello nuestra pelvis se ha modificado mucho y es totalmente diferente de la de cualquier cuadrúpedo. Otros músculos importantes en la locomoción humana son los que extienden la rodilla.

El don de la palabra

Los seres humanos nos comunicamos por medio de la palabra. Usamos sonidos para transmitir información codificada. Se necesita por lo tanto un órgano emisor y otro receptor. El primero es el aparato fonador, el segundo, el oído. Pero hace falta un sistema, el cerebro, que descodifique los sonidos y les dé un significado.

Todos los animales disponen de sistemas de comunicación, incluso los de vida más solitaria, no digamos los que son sociales. Entre las aves y sobre todo los mamíferos el sentido del oído es un canal de información muy importante, y no solo acerca de lo que hacen los animales de las demás especies, sino también los de la propia a la hora de buscar pareja, para relacionarse con las crías o con la madre, para establecer o recordar la jerarquía dentro del grupo.

Pero el lenguaje de los humanos es mucho más que sonidos, porque es simbólico. Eso quiere decir que se manejan símbolos, que pueden ser sonidos, pero también imágenes. Un símbolo es un signo acordado, una señal a la que la comunidad le otorga un significado concreto. Ese significado de la palabra dicha, del sonido voluntariamente emitido, de la voz humana, pertenece al grupo y no tiene existencia fuera de él y, como los genes, se transmite de una generación a otra. La palabra es aire, pero tiene sentido.