Sala 2

Bajo un mismo techo

LA ILUSTRACIÓN

Esta exposición parte del asombro que producen las esculturas, para rescatar la memoria de los humanistas que llevaron a cabo la hazaña, y del tiempo, entre áspero y esperanzado, que les tocó vivir. Una época en la que un movimiento que conocemos como la Ilustración, se proponía renovar la sociedad proyectando sobre ella la luz de la razón. En el siglo de las luces, la razón y la confianza en el progreso serán las pautas que se seguirán en el intento de conocer y cambiar el mundo, la humanidad empieza a asomarse hacia lo más grande y hacia lo más pequeño y, sobre todo, se asoma con ojos nuevos y sienta las bases de la ciencia moderna. Fue un periodo glorioso, de felicísima memoria en nuestro país teniendo en cuenta lo que hubo antes y lo que vendría después. de grandes avances científicos y exploraciones memorables por todo el mundo

Ciencia y Marina

En el siglo XVIII la riqueza de una nación se cifraba en el comercio, y la creación de condiciones favorables para éste fue una idea prioritaria de los Borbones, la nueva dinastía reinante. Comercio y Marina estaban estrechamente unidos, máxime en una nación como la española con un importante imperio colonial al otro lado del océano.

También en este tiempo se toma conciencia de la importancia del conocimiento. Jerónimo de Ustáriz, en una obra fundamental en su época, Theórica y práctica de comercio y de marina (1724), propone la creación de Academias y Colegios que tan fecundos resultados estaban produciendo ya en Inglaterra y Francia.

Así, el primer Real Colegio de Cirujanos fundado en España fue el de Cádiz “con el objeto de que la Marina estuviese surtida de cirujanos hábiles”. También en Cádiz, en 1751, se crea el primer centro de observación astronómica en la torre del homenaje del Castillo de la Villa, a la sazón sede de la Academia de Guardias Marinas. La iniciativa parte de Jorge Juan, magnífico exponente de “ilustrado” en el que se refleja lo mejor del espíritu de la época.

Jorge Juan, con Antonio de Ulloa, había participado en la expedición organizada por la Real Academia de las Ciencias de París (1736-1744), encargada de medir un arco de meridiano en el virreinato de Perú. La finalidad era obtener el valor de un grado terrestre y así poder dilucidar la forma de la Tierra. Todavía se discutía si esta era una esfera o estaba achatada por los polos.

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Los Reales Colegios de Cirugía

En el siglo XVII la tradicional separación entre médicos y cirujanos se había hecho aún más profunda. Pero en el siglo XVIII las circunstancias cambiaron. El desarrollo de la nueva organización que las monarquías absolutas deseaban imponer al ejército, la navegación y los hospitales, así como el aumento de la población y la riqueza, reclamaba más y, sobre todo, mejores cirujanos. Y éstos, que aprendían de forma poco reglada y sin apenas fundamentos científicos, no podían responder a esas nuevas demandas políticas y sociales. La situación motivó que, en 1731, Luis XV, a instancias de alguno de sus cirujanos de cámara, creara en París la Académie Royale de Chirurgie, que unos años después sería equiparada a su vieja Facultad de Medicina.

El modelo fue adoptado por varios países europeos, entre ellos España, donde, gracias a la política científica de la dinastía borbónica y la porfía del tarraconense Pedro Virgili (1699-1766), se fundó en 1748 el Real Colegio de Cirugía de Cádiz, destinado a la formación de cirujanos de la Armada. Allí, debían aprender técnicas quirúrgicas basadas en libros y conceptos modernos de física, química, botánica y, sobre todo, anatomía. Lo que ameritaba unas instalaciones apropiadas que incluyeran tanto jardín botánico y hospital, como colecciones de instrumental y quirófanos. Y para la enseñanza específica de la anatomía quirúrgica, salas de disección, esqueletos, láminas y, si se podía, modelos de anatomía en cera.

En 1764 se crea el Real Colegio de Cirujanos de Barcelona, dirigido también por Pedro Virgili, y tras casi dos lustros de planificación, en 1787, Antonio Gimbernart y Mariano Ribas lograron ver el tercero, el de San Carlos de Madrid.