Sala 8

Anatomía en el arte

El estudio anatómico en la formación del artista.

Anatomía y proporción

Ya en 1435 Alberti instaba a los artistas a "bosquejar primeramente los huesos, ya que, debido a que se doblan muy poco, ocupan siempre una determinada posición. A continuación hay que añadir los tendones y los músculos, y finalmente, revestir los huesos y los músculos con la carne y la piel". Esta práctica debía estar guiada por la proporción, entendida como el "esqueleto de la armonía", tal y como se interpreta a partir de  los tratados Leonardo da Vinci y Alberto Durero.

En los planes de estudios de las Academias de Bellas Artes, se consideraba la formación anatómica como el único y verdadero camino para alcanzar el conocimiento de la estructura morfológica del cuerpo humano. Así, por ejemplo, la Academia londinense manifestaba en sus primeras reglas la necesidad de disponer de "una Academia de invierno de modelos vivos, hombres y mujeres de diferentes tipos". Sin embargo, no todas las instituciones incluyeron este criterio como necesario, o tardaron mucho en hacerlo, caso de la madrileña Academia de San Fernando, que no introdujo la disciplina de anatomía hasta 1767.

Anton Rafael Mengs estimaba que el conocimiento de la anatomía era necesario para "dar razón de las partes de una figura desnuda", pero siempre con mesura; especificando que su enseñanza debía ajustarse a las necesidades del pintor y escultor, que se centraban en "los efectos que hacen en la superficie".

Modelos de anatomía en cera

La cirugía era la rama de la medicina más desarrollada en el siglo XVIII. En lo concerniente a la disciplina más íntimamente relacionada con ella, la anatomía, la mejor cosecha la habían vendimiado tiempo atrás los grandes anatómicos (Vesalio, Colombo, Falopio, Eustachio o Valverde); por lo tanto, ya no era necesario surcar el cuerpo humano buscando descubrimientos originales. La investigación anatómica tuvo que encaminarse, en consecuencia, al logro de hallazgos con una aplicación práctica, sobre todo, en la actividad quirúrgica y obstétrica.

Se plantean entonces hacer frente a una nueva exigencia: la de enseñar a los futuros cirujanos de manera clara y didáctica las distintas regiones anatómicas en las que tendrán que realizar sus operaciones. Y, claro está, no siempre se disponía de cadáveres, ni todos estaban dispuestos a conseguirlos a «cualquier precio». Así, fruto de una inteligente relación entre anatómicos y modelistas revivió la ceroplástica (o las ceras anatómicas). Los primeros preparaban los cadáveres —siguiendo los magníficos dibujos de los mejores tratados de anatomía— y los segundos confeccionaban moldes de yeso que luego vaciaban y ejecutaban en cera adecuadamente coloreada.

Las propiedades físicas de la cera la hacen particularmente apropiada para las técnicas de moldeo, las formas de impresión en vaciado o en relieve. Los modelos en cera de la colección madrileña son muy precisos en sus detalles y permitieron ilustrar el resultado de varias disecciones o representar estructuras muy complejas, como por ejemplo los vasos linfáticos.

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Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid

La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando fue fundada el 12 de abril de 1752, si bien existía anteriormente, bajo la forma de Junta Preparatoria, desde el 13 de julio de 1744.

A través de la Academia los artistas pudieron adquirir una posición social relevante e independiente, pero lo cierto es que a pesar de considerarse una corporación ilustrada, no dejaba de estar al servicio de una monarquía centralizada y controladora. Ya en su primer estatuto de 1747, se hizo hincapié en la necesidad de que fuesen los artistas los que tomaran las decisiones importantes de la misma, y no los Grandes de España. Sin embargo, la influencia y mandato de estos fueron tales que llegaron incluso a establecer las materias docentes que debían recibir los artistas, con planteamientos basados en "la buena técnica y el gusto dirigido", muy alejados de las tendencias europeas.

La intención, por parte de los consiliarios durante los años 90 del siglo XVIII, de instruir a los artesanos, convirtiendo a la institución en un centro de formación de oficios dependientes del dibujo, deterioró los objetivos iniciales de la Academia.

Estas circunstancias, una docencia utilitaria junto a la dirección en las obras producidas, consolidaron un modelo, el “académico”, que acabó siendo sinónimo de conservadurismo institucional.